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Una
instalación de riego por goteo subterráneo no difiere mucho de la
convencional, salvo que los laterales portagoteros se entierran y conectan a
tuberías por sus dos extremos: una sirve de alimentación (terciaria) y la otra
de colector para la limpieza de las tuberías. Existen equipos que entierran las
tuberías laterales a las profundidades requeridas, que suelen ser:
Algodón.....................40
cm
Forrajeras...............30-40
cm
Praderas...................8-10
cm
Frutales
y forestales......20 cm
Conviene
incidir en algunos
aspectos fundamentales para evitar los posibles problemas que se
pueden presentar.
Las
tuberías se entierran entre dos hileras de cultivo (salvo en el caso de los
árboles, en que se colocan a unos 20 cm del tronco). Los cultivos deben
ubicarse siempre en las mismas hileras, por lo que hay que dejar marcas en el
terreno indicando el emplazamiento de las tuberías subterraneas.
Elección del emisor o tubería porta-goteros.
Siempre trabajamos con tuberías con gotero integrado en el interior de
la misma, aunque se pueden emplear goteros pinchados. Es obvio decir que ha de
ser un gotero fiable de la máxima calidad y con un diseño especifico que le
haga resistente a las obturaciones por deposición de partículas en el
laberinto del mismo, recomendamos laberintos de gran sección de paso que
trabajen régimen turbulento. Es muy habitual el empleo de goteros
autocompensantes. Además hay líneas
de goteros específicamente desarrollados para esta aplicación que incorporan
algunos detalles en el diseño que mejoran su comportamiento, por ejemplo,
dispositivos que impiden la entrada de raíces o partículas de suelo por succión.
Es muy conveniente instalar goteros que han sido ensayados durante años en este
tipo de aplicación sin problemas. Muy importante determinar la distancia
adecuada entre emisores, buscando fundamentalmente una banda de humedad continua
con emisores de bajo caudal. En
hortalizas es recomendable emplear emisores de 1 litro/hora, separados entre 20
y 30 cm. La ubicación y profundidad la necesaria para que la banda de humedad
cubra bien el sistema radicular de las plantas. En cultivos leñosos la
profundidad es mayor con distancias entre emisores de 50 cm a 1 m y caudales
entre 2 y 3 litros/hora. Es
frecuente la instalación de dos líneas de emisores por línea de árboles,
sobre todo en árboles de gran porte y/o suelos arenosos.
Una
cuestión fundamental en este sistema consiste en instalar un sistema de lavado
de las tuberías portagoteros conectando los extremos de las mismas a una tubería
que puede finalizar en una válvula de drenaje o en otra tubería de recogida
del agua de lavado. También es indispensable, instalar una ventosa al inicio de
la tubería terciaria, con esto en parcelas con pendiente más o menos
pronunciada evitaremos que los goteros se obstruyan por efecto de la succión.
La
red general de distribución no tiene porque diferenciarse de una habitual,
mientras que en el cabezal si debemos cuidar detalles como que el sistema de
filtrado debe ser autolimpiante, con un control automático de lavado por
diferencia de presión, volumen de agua regado, tiempo regado y la combinación
de cualquiera de estos factores. Ajustado a la calidad del agua y a las características
de los emisores, generalmente son filtros con paso 120 mesh para los goteros
habituales. El numero de filtros se ajustará holgadamente según la calidad del
agua de donde se deducirá la capacidad de cada unidad de filtrado. Si fuera
necesario se debe tratar el agua previamente en el embalse contra la proliferación
de algas.
Es
indispensable disponer de un caudalímetro en la red general para llevar un
control de los caudales de riego habituales por sector o válvula y detectar
posibles obstrucciones.
Finalmente,
es muy recomendable disponer de un sistema para el control de fertirrigación
que permita trabajar son soluciones nutritivas en continuo en las que se
controle el pH al nivel óptimo ( pH=6) a través de la dosificación de ácido
nítrico, fosfórico o sulfúrico (excepcionalmente con aguas con un contenido
en bicarbonatos muy elevado), con el fin de mejorar la asimilación de
nutrientes por la planta y evitar precipitados calcáreos o de fertilizantes en
los emisores.
Los
sistemas de fertirrigación que se están implantando actualmente disponen de 4
o más tanques donde se disuelven los fertilizantes habituales solubles, a una
concentración establecida que oscila entre el 10 y el 15 %. A partir de estos
tanques los equipos son capaces de combinar proporciones de cada fertilizante
para dar lugar a una solución nutritiva determinada, este control se realiza a
través de la conductividad eléctrica de la solución resultante o
proporcionalmente al caudal que pasa.
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