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Riego
subterráneo es aquel en el que los laterales porta-emisores están enterrados
en el suelo a una determinada profundidad, entre 5 y 50 cm dependiendo de las características
del cultivo (profundidad del sistema radicular) y de las características del
suelo (capilaridad). En suelos
arenosos trabajaremos a profundidades menores que en suelos arcillosos. En cultivos de hortalizas con sistema radicular superficial
enterraremos ligeramente los laterales, mientras que en cultivos leñosos
podemos sobrepasar los 50 cm. Por otra parte, la instalación puede permanecer
durante años o recogerse e instalarse en cada cultivo.
Actualmente
disponemos en el mercado de goteros y tuberías con gotero integrado con calidad
suficiente para garantizar su funcionamiento correcto y fiable en cualquier
circunstancia y esto es algo que podemos contrastar diariamente con las
innumerables instalaciones que podemos visitar. Los goteros autocompensantes
permiten obtener una mayor uniformidad de riego.
El
sistema debe ser adaptado y diseñado según las características propias del
cultivo y el lugar donde se va a desarrollar. Teniendo en cuenta también
aspectos como la mecanización y otros.
VENTAJAS
¿Que
razones son las que nos impulsan a plantearnos la molestia de enterrar las tuberías
porta-emisores?. Es decir, ¿ qué ventajas son las que apreciamos en el
sistema?. Lógicamente son muchas e importantes, lo que esta provocando la rápida
expansión de este sistema.
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Ahorro de personal y equipos en el manejo.
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Mayor duración de las instalaciones. que no se dañan por la
acción de las radiaciones solares y sufren menos ataques.
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Aumento
de la eficiencia del riego.
Por el hecho de estar enterrados los emisores evitamos que el agua este
en la superficie del suelo expuesta a la evaporación, es decir, mejor
distribución del agua, menor escorrentía, mayor uniformidad. Además está más
cerca de las raíces que absorben el agua necesaria para el crecimiento de las
plantas, frecuentemente podemos ver en los riegos localizados superficiales el
agua desplazándose fuera de la zona próxima a las plantas. El incremento en
eficiencia en relación con los riegos localizados superficiales es muy variable
dependiendo de la aplicación que se trate y el sistema con el que se compare.
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Mejor
asimilación de nutrientes.
En el caso de elementos poco móviles como el fósforo o potasio los ponemos a
disposición de la raíz. También se dan niveles de lixiviación de nutrientes
menores. En cualquier caso siempre es aconsejable el empleo de soluciones
nutritivas equilibradas que se dosifican de forma continua.
Las
ventajas mencionadas producen una reacción positiva en el cultivo incrementando
los rendimientos obtenidos a través de una disminución de las situaciones de
estrés.
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Disminución
de la presencia de malas hierbas.
La superficie del suelo se mantiene seca y por lo tanto la germinación
de semillas de malas hierbas disminuye considerablemente.
Repercute directamente en ahorro de herbicidas y mano de obra.
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Disminución
de enfermedades fúngicas.
Evitamos la humedad en la base de la planta, en hortalizas de hoja como
lechuga, apio etc. evitamos mojar las hojas de la base.
Además, podemos aplicar fungicidas sistémicos a través del sistema de
riego incrementando su eficacia.
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Facilita
las labores del suelo.
En cultivos que requieren escardas o laboreos superficiales del suelo
eliminamos el obstáculo de la línea porta-goteros superficial.
Incluso en cultivos hortícolas, si enterramos a cierta profundidad las líneas
porta-goteros, podemos labrar y preparar el suelo para el próximo cultivo
varias veces con el consiguiente ahorro. Cuando la operación de enterrar las líneas
portagoteros es muy sencilla, realizándose con un arado topo o con un
dispositivo incorporado en el apero empleado para conformar las banquetas de
cultivo.
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Permite
el empleo de aguas residuales depuradas en determinadas aplicaciones.
En jardines y céspedes podemos emplear aguas depuradas sin la molestia
de malos olores, salvando los problemas higiénicos. Esta circunstancia ofrece
unas posibilidades de desarrollo enormes, habiéndose desarrollado líneas
comerciales exclusivas para esta aplicación por diferentes fabricantes de
goteros.
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Evitamos
problemas de vandalismo y mejoramos la duración de las tuberías.
Es obvio que al estar enterradas las tuberías están mucho más protegidas
de las agresiones y del sol.
INCONVENIENTES.
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En zonas con poca lluvia, se pueden acumular sales en la superficie,
perjudicando la germinación del cultivo siguiente.
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Necesidad de riegos de preemergencia.
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Dificultad en localizar fugas y averias.
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Existe poca actividad radicular en la superficie, por lo que los abonos de poca
movilidad (potasio, fósforo) se deben aplicar obligatoriamente por
fertirrigación.
Pero
el principal inconveniente, con gran diferencia, es la obturación de los
goteros, con el agravante de que el problema no se detecta hasta que sus efectos
son muy aparentes, generalmente por sequía de las plantas afectadas.
La
obturación puede producirse por las partículas que lleva el agua de riego o
por agentes externos: el suelo que rodea los goteros o las raicillas de las
plantas.
En
cuanto a la obturación por partículas transportadas por agua, el fenómeno es
el mismo que en riego convencional, pero dada la gravedad del problema, obliga a
extremar las medidas preventivas, con filtrados muy perfectos y costosos y
tratamientos muy frecuentes y bien controlados. Es recomendable la
utilización de goteros autolimpiantes, porque, aunque esta denominación sea
algo exagerada, su riesgo de obturación siempre será menor que en los demás
goteros.
La
obturación por agentes externos se combate de dos formas:
1-
La debida a partículas de suelo, mediante un blindado especial de los goteros.
2-
La provocada por las raicillas, mediante el empleo de herbicidas
El
herbicida que se ha utilizado con mas éxito ha sido el treflan, cuyo compuesto
activo es la trefluralina. Los componentes de este grupo se adhieren rápidamente
a las partículas del suelo, por lo que no son lavados por la propia agua del
suelo, permaneciendo en las proximidades del gotero. Además no se descompone
por el contacto con el agua. Los herbicidas nitrogenados impiden el crecimiento
de las raíces secundarias, sin dañar las raíces principales ya existentes, en
consecuencia, no perjudican a los cultivos y evita que las raicillas de estos o
de las malas hierbas obturen los goteros.
El
producto se aplica con el agua de riego, en la que se disuelve fácilmente. Su
color amarillo facilita el seguimiento de la operación. Se utilizan los mismos
equipos de aplicación de abonos: inyectores, tanques, etc. La dosis normal es
de 0,20 a 0,25 cm3 por goteo. Como cualquier herbicida nitrogenado la
trifluralina se volatiliza con una velocidad que depende de la temperatura y la
humedad. Por esa razón, el tratamiento debe aplicarse cada 5 ó 6 meses.
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