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Estos sistemas se basan en
aprovechar el calor cedido en los cambios de estado del agua líquida o en el
alto calor específico y capacidad calorífica del agua.
Cuando la nieve cubre la
vegetación o el suelo, actúa como una capa aislante gracias a su gran volumen
de poros. En esta situación es posible que la temperatura de la atmósfera
descienda por debajo de los 0º C y, sin embargo, el suelo o los órganos
vegetales cubiertos de nieve no lleguen a esas temperaturas bajo cero.
El fundamento del riego por
aspersión antihelada no es el de formar sobre la superficie vegetal una capa de
hielo que aísle la planta de la atmósfera (el hielo al no ser poroso como la
nieve no ejerce este efecto) sino provocar la formación de hielo continuamente
sobre dicha superficie vegetal para que el calor cedido por el agua en el cambio
de estado (liquido a sólido) impida el enfriamiento de los órganos vegetales.
El efecto antihelada persistirá
el tiempo en que se este aplicando la aspersión, y jamás se parará el
equipo de aspersión con la esperanza de que la capa de hielo formada por el
hielo actuará como capa protectora.
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