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El uso de un método de riego u otro depende de numerosos factores, entre los
que es preciso destacar los siguientes:
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La
topografía del terreno y la forma de la parcela.
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Las
características físicas del suelo, en particular las relativas a su
capacidad para almacenar el agua de riego.
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Tipo
de cultivo, del que es imprescindible conocer sus requerimientos de agua
para generar producciones máximas, así como su comportamiento en
situaciones de falta de agua.
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La
disponibilidad de agua y el precio de la misma.
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La
calidad del agua de riego.
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La
disponibilidad de la mano de obra.
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El
coste de las instalaciones de cada sistema de riego, tanto en lo que se
refiere a inversión inicial como en la ejecución de los riegos y
mantenimiento del sistema.
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El
efecto en el medio ambiente.
A
su vez, una vez elegido el sistema de riego, existen bastantes tipos de sistemas
o variantes, cuya elección se realizará teniendo en cuenta aspectos mas
particulares.
En
la actualidad son tres los métodos de riego utilizados:
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Riego
por superficie.
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Riego
por aspersión.
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Riego
localizado.
En
España el 59% de la superficie de los regadíos se riegan por superficie, el
24% por aspersión y el 17% por riego localizado.
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