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PRECIPITADOS DE CALCIO:
Se producen sobre todo en forma de carbonatos y
en aquellos puntos donde el agua queda en reposo entre un riego y otro, o en la
salida de los emisores, donde la concentración de sales aumenta como
consecuencia de la evaporación.

El tratamiento preventivo que
suele que suele hacerse para evitar la aparición de este tipo de precipitados,
es la adicción de ácido al agua de riego en dosis adecuadas para que la
precipitación de las sales no tenga lugar. La dosis de ácido que se aplique
dependerá de las características del agua, por lo que habrá que determinarla
en un laboratorio tras un análisis químico. Puesto que la dosis de ácido
variará para cada caso, es necesario consultar con personal cualificado.
El ácido convenientemente
diluido, puede aplicarse desde el equipo de fertirrigación durante todo el
riego o en la última parte de este (unos quince minutos) cuando el volumen de
ácido a aplicar no sea muy elevado. Así se consigue que el agua que queda al
final en el interior de la red de riego no produzca precipitaciones.
El volumen de agua que se necesita
para que el ácido llegue a todos los emisores de la red de riego puede
calcularse de una manera muy fácil, midiendo el volumen de la instalación y
multiplicando el resultado por dos o tres como garantía. La cantidad de ácido
que se añada al agua para los tratamientos preventivos o de limpieza de la
instalación, estará en función del volumen de agua a tratar. Como dosis
orientativas, se recomienda un cuarto de litro por metro cúbico de agua de
riego en casos de tratamientos de prevención, y unos tres litros por metro
cúbico para tratamientos de limpieza.

En el tratamiento preventivo
contra la formación de precipitados de calcio se pueden utilizar varios
ácidos, sulfúrico, clorhídrico o nítrico, siendo el ácido nítrico el más
utilizado.
Una vez se ha producido la
precipitación de sales de calcio los tratamientos correctores son de eficacia
muy variable según el grado de obturación y el tipo de emisor. Normalmente se
consiguen despegar las incrustaciones, pero es frecuente que queden pequeñas
partículas en le agua y formen de nuevo precipitados que den lugar a nuevas
obturaciones. Estos tratamientos consisten en la aplicación de ácido a altas
concentraciones, hasta que el porcentaje de ácido en el agua de riego oscile
entre el 1 y el 4%.
En algunas ocasiones, cuando el
grado de obturación es muy elevado, los emisores se deben limpiar
individualmente , sumergiéndolos en ácido al 1-2% durante unos quince minutos.
Este tratamiento puede ser eficaz en el caso de emisores desmontables, pero
supone un importante gasto en mano de obra, por lo que en algunas ocasiones es
mas rentable limpiar las tuberías y poner emisores nuevos que realizar este
tipo de limpieza. Además, una vez obturados los emisores, la limpieza no suele
resultar efectiva ya que el ácido no disuelve del todo las incrustaciones si no
que las disgrega, quedando pequeñas partículas de calcio circulando por el
emisor que pueden volver a causar obturaciones.
El tratamiento de limpieza de
obturaciones implica la utilización de altas concentraciones de ácido, lo que
lo hace un proceso muy delicado que debe realizarse por personal especializado.
Los ácidos son corrosivos y extremadamente peligrosos. Hay que manejarlos con
guantes, gafas etc., incluso cuando se encuentran diluidos.
PRECIPITADOS DE HIERRO:
Se producen en aguas ácidas que
llevan hierro disuelto, que al oxidarse precipita y forma depósitos color
marrón en filtros y goteros. Con menor frecuencia pueden aparecer problemas
similares con el manganeso. La prevención de estos precipitados consiste en
evitar la entrada de hierro en la red de hierro, para lo que generalmente se
realiza una agitación mecánica que provoca la oxidación y precipitación del
hierro antes de su paso por los filtros de arena, que retendrán las partículas
de precipitado.
Si la aireación del agua de riego
no es posible, por ejemplo por que se bombea directamente desde un pozo a la red
de tuberías, se puede aplicar un agente oxidante como hipoclorito sódico, que
provoca la oxidación y su precipitación. En el caso que el problema
éste causado por la presencia de manganeso, se debe tener cuidado al aplicar el
hipoclorito porque el manganeso se oxida mas lentamente que el hierro y su
precipitación puede producirse después del filtro de arena. En cualquier caso
se debe realizar un análisis del agua para determinar la dosis de oxidante a
aportar.
El tratamiento para eliminar
precipitados de hierro en la red de riegos se realiza con ácido. El
procedimiento es el mismo que en el caso de los precipitados de calcio pero en
este caso se utilizará ácido sulfúrico. Éste disolverá los
sedimentos que se hayan formado por la precipitación del hierro y al
mismo tiempo, mantendrá en solución el que haya en el agua para que no
precipite.
PRECIPITADOS PROCEDENTES DE
FERTILIZANTES:
En las instalaciones de riego
localizado, riego y fertilización suelen hacerse de forma conjunta. El
principal inconveniente de esta práctica es la obturación de los emisores por
la precipitación de los fertilizantes, una mala disolución o incompatibilidad
de estos al preparar la solución nutritiva, o reacciones con algún elemento
propio del agua de riego. Para seguir esto se deben seguir algunas normas en la
preparación de las soluciones fertilizantes y en su aplicación. Además se
debe instalar un filtro de malla o anillas después del equipo de
fertirrigación.
Los tres principales puntos a
tener en cuenta para evitar obturaciones en la instalación son:
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Utilización de abonos
totalmente solubles.
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Mezcla de abonos adecuados. ES
importante conocer los fertilizantes que se van a mezclar ya que no todas
las combinaciones son compatibles.
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Manejo apropiado de la
fertirrigación. Inicio y finalización del riego solo con agua.
Cuando las medidas preventivas no
son suficientes y aparecen obturaciones por precipitación de las obturaciones,
el tratamiento para eliminarlas será, como en los casos anteriores a base de
ácido. El tipo de ácido que se utilice dependerá de la naturaleza del
precipitado que se forme, es decir se aplicará ácido nítrico, fosfórico o
sulfúrico, según el caso.
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