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El
bulbo húmedo es la parte del suelo humedecida por un emisor de riego
localizado. Los emisores de riego localizado aplican el agua sobre el suelo
donde se forma un pequeño charco. A medida que avanza el riego, el bulbo
húmedo se hace cada vez más grande, pero a su vez el suelo se humedece más,
la velocidad de infiltración disminuye y con ello el bulbo húmedo aumenta su
tamaño más despacio.
La
forma del bulbo está condicionada en gran parte por el tipo de suelo. En los
suelos pesados (de textura arcillosa), la velocidad de infiltración es menor
que en los suelos ligeros (de textura arenosa), lo que hace que el charco se
mayor y el bulbo se extienda mas horizontalmente que en profundidad. Si se plica
la misma cantidad de agua en tres suelos con texturas diferentes, la forma del
bulbo varirá aproximadamente de la siguiente manera:
Para
que el bulbo moje una determinada superficie de suelo y el agua pueda ser absorbida
por las raíces de las plantas adecuadamente, es importante tener en cuenta como
se extiende el bulbo horizontalmente. La extensión horizontal del bulbo no se
puede aumentar indefinidamente incrementando el caudal del emisor y/o el tiempo
de riego, y para conseguir una extensión de agua adecuada hay que actuar sobre
el número de emisores que se colocan en las cercanías de las plantas. Por otra
parte, la profundidad del bulbo estará relacionada con la velocidad de
infiltración del suelo y con el tiempo de aplicación. Por ello es preciso
tener en cuenta los factores que afectan a la forma del bulbo húmedo para
decidir el número de emisores a colocar y el caudal que deben suministrar para
que se produzca una buena distribución del agua en el suelo.
MANEJO
DEL BULBO EN CONDICIONES DE SALINIDAD.
El
movimiento de las sales en el suelo depende del movimiento del agua. En el riego
localizado, el agua se distribuye en el perfil del suelo formando un círculo
más o menos alargado alrededor del emisor, y este mismo patrón también lo
seguirán las sales que se acumulan en el suelo. El régimen de sales se ve
afectado por la alta frecuencia con la que se aplican estos riegos así como por
la localización puntual del agua.
Tras
la aplicación de un riego tanto las sales que contenía el suelo como las
aportadas por el agua de riego se encuentran disueltas. La evaporación y
transpiración hacen que la humedad del suelo sea cada vez menor y la
concentración de sales aumente hasta que se aplica el riego siguiente. Cuanto
mayor sea el tiempo entre riegos, mayor será la salinidad del suelo. Los riegos
frecuentes permiten mantener alta la humedad del suelo y baja la concentración
de sales. El riego localizado es por tanto muy recomendable cuando el agua de
riego sea salina.
La
distribución de sales bajo el emisor de riego localizado presenta tres zonas
características bien diferenciadas:
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Una
zona muy lavada debajo del bulbo.
-
Una
zona de baja salinidad que rodea la anterior
-
Una
zona donde se acumulan las sales en la periferia del bulbo y sobre todo en
la superficie del bulbo.

Alrededor
del bulbo puede observarse una zona blanquecina de forma circular que se forma
debido a que el agua que se evapora no se lleva consigo las sales, por lo que
van acumulándose próximas a la superficie.

Cuando
el volumen de agua aplicado con el riego es mayor, aumenta la zona de intenso
lavado y la zona de acumulación de sale se aleja del centro del bulbo, con lo
que se evita que las raíces entren en contacto con zonas de elevada salinidad.
Este objetivo es el que se persigue aplicando junto con el riego una cantidad de
agua extra denominada fracción lavado, que es el porcentaje de agua extra con
respecto al agua de riego necesaria. Cuando llueve copiosamente, el agua de
riego también contribuye al lavado de sales. Si se producen lluvias de baja
intensidad, se corre el riesgo de que las sales se muevan hacia zonas de menor
salinidad donde abundan las raíces. Por tanto no es conveniente detener el
riego en presencia de lluvias ligeras.
En
cultivos anuales puede ocurrir que en la siembra del año siguiente las semillas
queden en las zonas superficiales muy salinizadas con los riegos del año
anterior, lo que puede afectar a la germinación y crecimiento de la planta
joven. En estos casos es preciso controlar con detalle el lugar de siembra.
LAVADO
DE SALES EN EL RIEGO LOCALIZADO.
El
lavado de sales consiste en la disolución por el agua de las sales del suelo y
su desplazamiento hacia capas mas profundas, fuera del alcance de las raíces.
Por sus especiales características, el riego localizado requiere un manejo
especial del lavado. En caso de disponer de agua suficiente conviene que los
lavados sean frecuentes, y en general se aconseja que cada riego lleve una dosis
de agua de lavado.
El
cálculo de las necesidades de lavado se realiza en función de la salinidad del
agua de riego y el umbral de tolerancia de los cultivos a la salinidad. LA
tolerancia a la salinidad es la capacidad del cultivo de soportar el exceso de
sales en la zona radicular, y no es un valor exacto para cada cultivo sino que
depende de numerosos factores como el tipo de sal, clima, estado de desarrollo
del cultivo, régimen de riego y manejo del suelo. El umbral de tolerancia
a la salinidad es aquella cantidad de sales por encima de la cual el cultivo
reducciones en su crecimiento y producción con respecto a condiciones no
salinas, y suele darse en milimhos por centímetro (mmho/cm) o decisiemens por
metro (dS/m).

Para
estimar la cantidad de agua de lavados se utiliza la curva de necesidades de
lavado, pero con anterioridad es preciso calcular el factor de concentración
permisible (F). Éste se obtiene de dividir el umbral de tolerancia a la
salinidad de un cultivo por la salinidad del agua de riego (que se obtiene a
partir de los análisis de agua de riego).


Es
decir el agricultor debe aplicar con cada riego un 25% mas de agua que la
estrictamente necesaria para cubrir las necesidades del olivar.
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